foto-27-11-16-15-06-09

‘Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!’ es una película autobiográfica, tanto que ni nos atrevemos a tocar la sinopsis escrita por el propio director y que dice así:

El primer recuerdo que tengo de mi madre es de cuando tenía cuatro o cinco años: nos llamaba a mis dos hermanos y a mi a la mesa diciendo: «Niños, Guillaume, ¡a cenar!» y la última vez que hablé con ella por teléfono, colgó diciendo: «Cuídate, mi niña grande», Y, bueno, entre estos dos momentos hubo un buen número de malentendidos.

Guillaume Gallienne deja muy claro dos cosas desde la primera secuencia: uno, que al desmaquillarse para salir al escenario nos va a contar una historia llena de verdad y sin artificios —y no, no importa que haya cosas que no sean autobiográficas del todo, nos da igual—; y dos, que no piensa dejar atrás sus orígenes teatrales‘Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!’ era una obra de teatro y Gallienne nos deja sus huellas teatrales al mostrarse él solo, en un escenario con pocos elementos, contándonos su historia para después trasladarnos a escenarios ‘reales’.

Una forma brillante de adaptar teatro al cine que fluye sin que el espectador se de cuenta y que al terminar es inevitable que pensemos aquello de “la vida es puro teatro”. Y es que Gallienne utiliza como nadie todos los recursos teatrales del drama y de la comedia como terapia y como excusa para encontrarse a uno mismo, afrontar la realidad y en definitiva, para buscar su propia identidad y luchar contra los prejuicios y lo establecido.

La cinta está totalmente falta de prejuicios, para contarnos precisamente un exceso de prejuicios. El director navega en su memoria para contarnos diferentes etapas de su vida, en las que Guillaume es criado a imagen y semejanza de su propia madre —y es el propio Guillaume quien la imita por purísima admiración—, causándole serios problemas de identidad sexual. Una crisis que el director nos muestra sin tapujos ni tabúes y gracias a los cuales su fantástica comedia se ve ensombrada —y en el buen sentido— por conmovedores momentos de drama.

‘Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!’ es una comedia en toda regla con momentos hilarantes —las estancias lingüísticas en la Línea de la Concepción, en un internado inglés o en Alemania, son dignas de no perdérsela en versión original subtitulada— y cuyo gran encanto reside en la(s) interpretacione(s) de su protagonista, el propio Guillaume Gallienne —aquí, director, guionista y actor—, que se encarga de interpretarse a sí mismo y el papel de su madre. Una interpretación brillante, divertida y conmovedora que le convierten en la revelación del año en nuestro país y el César al Mejor Actor en el país vecino.

En definitiva, la ópera prima de Gallienne es mucho más que una comedia que ensalza las diferencias de cada uno, un canto a la verdad del teatro y un pequeño gran homenaje a las mujeres.

Anuncios